El afán por querer olvidar puede ser el mayor ímpetu para recordar. Recurrimos a la piscología para abordar este tema a través de algunos consejos y estrategias para intentar olvidar a alguien que ya no veremos nunca más.
Para esto el portal de Cultura Inquieta, consultó al autor de de Psicología y Mente, Arturo Torres Es muy frecuente que a lo largo de nuestras vidas conozcamos directa o indirectamente a personas capaces de captar toda nuestra atención.
Hay seres humanos que simplemente atraen nuestros pensamientos hacia ellos, ya sea por su propia personalidad y características o por las situaciones que hemos vivido con ellos. Sin embargo, hay veces en las que esto supone un problema. Llegados a ese punto, ¿cómo dejar de pensar en una persona?
1. "No pensar en ello" es un método poco eficaz
La supresión de pensamientos es conocida por ser una opción que resulta totalmente improductiva. De hecho, hará que pensemos más en esa persona. Al respecto, son famosas las investigaciones de Daniel Wegner en las que pedía a una serie de voluntarios que pensasen en un oso blanco.
Luego, naturalmente, se les pidió que evitasen que este pensamiento se volviese a repetir. El resultado fue que todos los participantes empezaron a pensar en algo tan inusual como osos blancos mucho más que antes.
Así pues, intentar suprimir estos pensamientos y recuerdos de manera voluntaria no solo no funciona, sino que hace que sigamos pensando en eso que queremos mantener lejos de nuestra mente, lo cual hace que nos sintamos más estresados. Se trata de un efecto rebote en toda regla: el mismo hecho de evitar pensar en esa persona hace que sigamos reproduciendo el modo en el que pensamos en ella.
2. Aceptando los pensamientos intrusivos
Una de las estrategias a seguir puede ser practicar la aceptación de estos pensamientos, es decir, no luchar por hacer que desaparezcan de la consciencia. Existen evidencias de que las personas que siguen estas estrategias de aceptación experimentan menos problemas que aquellas que intentan suprimir estos pensamientos.
Sin embargo, los beneficios de este método tienen más que ver con el modo en el que nos hacen sentir estos pensamientos que con la frecuencia con la que aparecen. Es decir, que la aceptación de los recuerdos y las fantasías relacionadas con ciertas personas no hace que dejemos de pensar en ellas a corto plazo, pero sí hace que no sintamos tanto estrés por ello.
3. Gestionando la atención
Así pues, tenemos un método que no funciona y otro que funciona parcialmente. Pero... ¿cuál es la mejor manera para dejar de pensar en una persona definitivamente?
Por lo que se ha investigado al respecto, el modo más eficaz para deshacerse de los pensamientos intrusivos es focalizar la propia atención en una serie de acciones y pensamientos en los que nos podamos perder y que, por supuesto, no tengan ninguna relación con esa persona sobre la que queremos dejar de pensar. Sacarse a alguien de la cabeza, pues, tiene que ver más con proponer alternativas a esos pensamientos obsesivos que con intentar eliminarlos.
4. Fantaseando con quien no se debe
Uno de los ejemplos de la eficacia de esta estrategia la encontramos en un experimento cuyos resultados fueron publicados en el año 2008 en Evolution and Human Behavior. En este experimento se querían explorar las mejores alternativas a la hora de hacer que personas que se encontraban en una relación de pareja estable dejasen de fantasear sobre una persona que consideraban atractiva y que se encontraba fuera de la pareja.
Para ello, el equipo de investigadores presentaron una serie de imágenes de gente atractiva a cada uno de los participantes en el experimento y les pidieron que eligiesen a aquella que consideraban más atrayente. Luego, se les indujo a que imaginasen cómo sería vivir una serie de situaciones con esas personas, ya que se les pidió que explicasen por escrito por qué consideraban que esa persona era atractiva y que describiesen cómo creen que sería la cita perfecta con ella.
Luego, a algunos voluntarios se les pidió que dejasen de pensar en esa persona. Por supuesto, no lo consiguieron: no podían quitarse a la otra persona de la cabeza y, de hecho, pensaban más en ella que los participantes a los que no se les había pedido que dejasen de tener esos pensamientos.
5. La solución a estas fantasías
Lo que sí funcionó fue centrar la atención en la pareja: pensar en ella, por qué se esta con ella, y, especialmente, por qué se la ama. Este tipo de pensamientos, que tienen la capacidad de atrapar la atención, fueron la causa de que de que los participantes pudieran dejar de pensar en la otra persona.
notitarde.com

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